lunes, 7 de diciembre de 2015

CORRER

Me gusta correr...contigo; 
notar como los cuerpos se ponen en movimiento,
como actúan los músculos, 
como se acelera la respiración y los cuerpos entran en calor, 
como se hace más rápida la respiración y las primeras gotas de sudor van poblando la piel, 
pequeñas gotas que se deslizan dejando su rastro mientras otras nuevas aparecen, 
signo inequívoco de que lo estamos haciendo bien, 
cogemos el ritmo, nos compenetramos,
las bocas se secan de tanta agitación cuando llegan los espasmos pelvicos que anuncian bocanadas de placer, 
me gusta correr...me contigo del amanecer al anochecer...
y por la noche también

sábado, 3 de enero de 2015

EL LAGO

Javier se quedó dormido, desnudo, en la orilla del lago, era un lugar tranquilo y que no conocía casi nadie, lo descubrió de niño cuando, durante unas vacaciones, se perdió de sus padres mientras hacían una excursión, cada vez que necesitaba estar solo solía volver a perderse por allí.
   Lo despertaron unos caprichosos rayos de sol que se filtraron entre las ramas de los árboles, el agua, la brisa, un sueño, o tal vez la combinación de todo, fueron la causa de que su pene apareciese erguido, desafiante, incitante.
   Era algo a lo que estaba acostumbrado, casi siempre, al despertar, lo hacía empalmado, pero a lo que no estaba acostumbrado era que, al despertar, una hermosa mujer estuviera desnuda mirándolo, sobre todo cuando estaba en el lago, a decir verdad, en el lago nunca había visto a nadie en la época que el solía ir.
   —No creí que habría nadie por aquí —dijo él.
   —Tampoco yo, pero me alegro de no estar sola.
   — ¿Llevas mucho tiempo ahí?
   —El suficiente para ver como iba creciendo tu sexo, no quería despertarte, me gustaba ver como crecía e intentaba imaginar que estarías soñando, parecía muy placentero a juzgar por tu cara, esperaba de un momento a otro ver como te corrías.
   —Por desgracia no puedo recordar que era lo que soñaba, pero tu si puedes ver como me corro si quieres.
  
   La muchacha se levantó, estaba sentada dentro del agua, posiblemente en una roca, y andó hacia él provocando unas pequeñas olas en las tranquilas aguas del lago, y mientras se besaban la muchacha comenzó a acariciar con la punta de sus dedos el pene, recorriéndolo de arriba a abajo durante varias veces, después lo hizo con la palma de la mano y dedicó algún tiempo a acariciar los testículos.
   El mientras acariciaba los pechos de la muchacha, eran mas bien pequeños, con duros y erguidos pezones que él apretaba ligeramente de vez en cuando, y sus manos se deslizaban por la piel suave y húmeda, recorrían cada espacio, cada rincón, aferrándose a sus nalgas y adentrando sus dedos en la vagina.
   Ella aferraba también el pene y lo apretaba ligeramente mientras comenzaba a masturbarlo y se colocó encima de él ofreciéndole su sexo para que lo lamiera mientras seguia masturbandolo. La lengua de él comenzó a lamer, a entrar y a salir de aquella cueva de placer, provocando gemidos en muchacha que se tradujeron en un incremento del ritmo sobre el pene y a introducirlo de vez en cuando en su boca, a recorrerlo con la lengua desde los testículos al glande y viceversa, ambos gemían y disfrutaban el momento, hasta que con la un espasmo de placer el semen fue expulsado del pene a borbotones salpicando la cara de la mujer, ella, lo que pudo, lo recogió con la lengua y lo que no con los dedos, y lo llevó todo a su boca.
   —Me encanta ver como te corres, me encanta el sabor de tu semen, y ahora... quiero que me penetres.
  Lamió hasta los últimos resto de semen del pene antes de introducirselo en la vagina y comenzó a subir y bajar, primero lentamente, y poco a poco más rapido, a frotarse, a trazar círculos, a contraer sus músculos vaginales para sentir mas el pene en su interior, él frotaba el clitoris de ella con el pulgar mientras levantaba su pelvis como queriendo meterse más dentro de ella. Un eco de placer resonó cuando ambos alcanzaron el orgasmo en el lago.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

domingo, 26 de octubre de 2014

Tu humedad

Me imaginé acercándonos, temblorosos,
las respiraciones agitadas, 
mis manos recorriendo la geografía de tu cuerpo,
subiendo y bajando...viajando al centro de tu placer y deseo,
adentrándose en tus, ahora, húmedos recobecos,
sintiendo la esencia que emana tu ser...
y mi lengua traviesa, marcando su paso a fuego,
por la envoltura de tus deseos,
saboreando tu aroma,
saciando mi sed y emborrachandome del néctar que destila tu cuerpo,
y tu dejándote llevar por mis caricias y mis besos,
agitandote a cada paso de mis dedos, a cada roce,
gimiendo de placer al sentir como mi carne invade tu sexo,
como entra y sale de ti, mojado,
por la humedad que llevas dentro

domingo, 18 de noviembre de 2012

C U N N I L I N G U S


A Nancy había algo que le gustaba de forma especial y su compañero sabía muy bien lo que era, conocía su alma, sus pensamientos, su corazón y cada rincón de su cuerpo.
   Todas las mañanas Javier nada más despertarse rodeaba a Nancy con cojines haciéndola sentirse como una reina, besaba todo su cuerpo empezando por el cuello y deslizando su lengua por toda su piel hasta llegar a sus piernas, suavemente las separaba y le decía lo hermosa que era su vagina, lo mucho que le gustaba y como le gustaba de forma especial su olor, olor que él tenía grabado en su mente desde el primer día que la olió.
   Suavemente acariciaba sus muslos y vulva mientras seguía diciéndole lo mucho que le gustaba, sus manos acariciaban sus vientre, su entrepierna y su lengua trazaba círculos alrededor de su ombligo, escribía su nombre con su saliva una y otra vez, Nancy, Nancy, Nancy, escribía la palabra Te Quiero una y otra vez, provocando con ello contracciones en su vientre y rápidos movimientos casi espasmódicos por todo su bello cuerpo, aumentando poco a poco su excitación y deseo.
   Después volvía a descender a su vagina y besaba suavemente sus labios superiores y los lamía sin llegar a meter la lengua, Nancy emitía cortos gemidos de placer, él, apartaba entonces los labios mayores y aparecían ante sus ojos los inferiores, afilaba la punta de su lengua, los picoteaba y acariciaba con ella, sin prisa, tomándose su tiempo, disfrutando el momento, poco a poco introducía la lengua en su interior, la sacaba y metía con un movimiento rítmico pero lento, después dirigía su lengua hacía su perineo y su ano.
   En esos momentos Nancy estaba ya súper excitada y Javier abría la parte superior de la vagina en busca de su clítoris, lo encontraba duro y erecto, buscando, esperando sus caricias, él no le hacía esperar, primero se humedecía sus dedos y lo acariciaba le encantaba sentirlo en la yema de sus dedos y a Nancy también le gustaba, lo demostraba claramente con sus gemidos, después lo lamía con la lengua abierta y relajada, a ella le gustaba más así que con la punta tensa, Javier lo lamía aumentando el ritmo hasta adaptarse a los movimientos de ella.


   Cuando llevaba ya un tiempo prudente lamiendo le introducía dos dedos en el interior de su vagina he inspeccionaba con ello todas las paredes de la misma, pero no por ello dejaba en ningún instante de saborear lo que Nancy le ofrecía con tanto placer. Los dedos entraban y salían de su interior mientras su lengua seguía propiciando caricias a su clítoris, de vez en cuando un dedo juguetón se introducía en su culo produciendo un placer extra en el cuerpo de Nancy, mientras tanto ella se agitaba, gemía y retorcía todo su cuerpo que era bombardeado por un placer intenso hasta que por fin llegaba al orgasmo y como una cascada vertía en la boca de Javier el producto de tal excitación que él degustaba con todo placer

domingo, 2 de septiembre de 2012

LA CITA

Gabriel tenía una cita aquella noche pero una reunión de trabajo cambiaría sus planes. Una vez terminada la reunión cogió el coche con la esperanza de llegar a tiempo a su cita, antes tenía que pasar por la peluquería, tenía hora desde hacía más de una semana, de pronto un atasco, los nervios se empezaron a apoderar de él, buscó el teléfono es su maletín, con las prisas lo había dejado en la mesa de su despacho

   -¡Jodeeer! -dijo en voz alta - ahora no voy a poder llamar para que me espere para cortarme el pelo.

    Por fin el trafico comenzó a moverse, poco a poco fue descongestionándose la carretera, respiró hondo con la esperanza de poder llegar a tiempo , un pinchazo poco después le hizo volver a perderla, una hora más tarde se encontraba frente a la puerta de la peluquería, estaba cerrada. Tocó el timbre,poco después salió una mujer morena de grandes ojos azules, con el pelo ondulado, engomado y cubría su ropa con una bata blanca.

   -Creí que ya no venías Gabriel, me has pillado por los pelos, estaba ya vestida para irme y al ver que por el videoportero que eras tú me he puesto la bata y he bajado.

   -Gracias Reme, creí que no llegaba y dentro de un rato tengo una cita -dijo mientras seguía a la mujer al interior del local.

   Después de colocarse una toalla sobre los hombros se sentó en el lava-cabezas, ella abrió el agua que fue cayendo sobre la cabeza de él, después aplicó una porción de champú y comenzó a frotar el cuero cabelludo. Grabiel cerró los ojos, poco a poco  notó como la tensión que tenía acumulada iba desapareciendo con cada fricción de los suaves dedos de Reme, después vino el enjuague y el corte de pelo.

   -Bueno ya estas -dijo ella
   -Puedo pedirte un favor Reme
   -Claro -afirmó ella
   -Puedo lavarme un poco? Creo que no me da tiempo de ir a casa, por suerte siempre llevo una camisa limpia en el coche.
   -Claro entra al aseo
   
   Reme se puso a barrer los restos  de pelo del suelo mientras oía el agua del grifo correr.

   -¿Reme, donde tienes una toalla?
   -Enseguida te doy una, me las había llevado para lavarlas.

   Cuando se volvió vio a Gabriel delante de la puerta del aseo, se acercó a él con la toalla en la mano, se quedó delante suyo mirando como las gotas de agua se deslizaban sobre su pecho, y como si fueran en una montaña rusa, viajaban por sus marcadas abdominales, inconscientemente comenzó a secar el cuerpo del hombre con la punta de la toalla, era como si no quisiese terminar nunca.

   El la miró un poco sorprendido, después sujeto la mano  con la suya, a lo que ella reaccionó levantando la cabeza, sus miradas se encontraron en medio del silencio, durante un instante permanecieron inmóviles, mirándose fijamente a los ojos como buscando en ellos una respuesta a la pregunta que ninguno de ellos había hecho. La respuesta la dieron sus labios sin decir palabra alguna, tan solo se juntaron en un largo y húmedo beso, ahora  eran las manos de ella las que se deslizaban  por el pecho del hombre.

   El, lentamente, desató la bata blanca que ella llevaba dejando al descubierto una camisa casi transparente que dejaba entrever un sujetador de encaje que realzaba sus pechos. Botón a botón fue abriendo la camisa hasta que por fin descansó en el suelo. Sus ojos volvieron a mirarse mientras las manos de Gabriel desabrochaban el sujetador. 

   Tenia unos pechos generosos y unos pezones erguidos y duros. Las miradas penetraban en el interior de los ojos de cada uno mostrando hasta la misma excitación del alma. Los corazones saltaban en el interior los pechos y la sangra corría azarosa hasta sus genitales. La mano de Reme acarició el pene del hombre, por encima del pantalón, duro y erguido, sorprendida, sus ojos se abrieron al notar el tamaño que tenía. Sin dudarlo desabrochó el pantalón y este cayo por su propio peso al suelo, la mirada de ella recorrió lentamente el cuerpo de él hasta clavarse en el enorme bulto que se ocultaba tras el slip, con suavidad y con la punta de sus dedos, lentamente fue reconociendo el miembro viril desde el glande hasta llegar a los testículos, notaba como este se movía debajo de la prenda de lycra, que se ajustaba perfectamente a cada centímetro de  su piel, como si quisiera salir de allí.

   La mano siguió acariciando los testículos, y él pasó sus manos sobre los muslos de ella apenas cubiertos por una minifalda de volantes y encaje. Sus labios, apenas separados unos centímetros, mezclaban las respiraciones rápidas y  entrecortadas. Las manos de Gabriel acariciaban la piel de Reme hasta llegar a su culo, y el diminuto tanga que llevaba le permitió apreciarlo sin ningún inconveniente.

   A pesar de que Reme ya no era una chiquilla todavía lo tenía duro y respingón, y sin duda el centro de muchas miradas cuando caminaba por la calle. El apretó las nalgas de la mujer suavemente y la acercó oprimiéndola contra su cuerpo, ella notó el duro pene de él contra su vientre, la excitación aumentaba entre ellos y volvieron a besarse hasta que ella se separó ligeramente de él y sin dejar de mirarle a los ojos fue agachándose, recorriendo sus costados con la yema de sus dedos, apretando ligeramente, como buscando algo a lo que agarrarse hasta que llegó a la goma del slip.

   El seguía manteniendole la mirada, ella, poco a poco, fue bajando la prenda que ocultaba la parte mas intima del hombre que pronto estuvo ante sus ojos, desafiante. Sujeto el pene por su base con una mano y con la otra acarició sus testículos, comenzó a darle besos recorriendo cada centímetro de la piel, después la lengua empezó a realizar círculos sobre el glande intentando en alguna ocasión hacer una incursión por el interior de hendidura, dejando un rastro húmedo sobre la piel se dirigió a los testículos lamiéndolos lentamente, para en alguna ocasión proporcionar  rápidos  y enérgicos movimientos  con la punta sobre ellos.

   La garganta de Gabriel emitía entrecortados jadeos de places, cerró los ojos y levantó la cabeza cuando noto que ella introducía el pene en el interior de la boca. Las glándulas salivares hicieron un aporte extra al recibirlo en la cavidad bucal, hasta se derramaba parte por la comisura de los labios, la lengua, en el interior de la boca, jugaba con el. Reme comenzó con un suave vaivén de su cabeza metiendo y sacando el pene del interior de su boca. 

   Las manos de Gabriel se apoyaron en la cabeza de ella acompañando  su movimiento, apunto de estallar de placer le hizo levantarse y la llevó hasta la bancada donde estaban todos los útiles de trabajo de ella, con un rápido movimiento de su mano los apartó y cogiéndola por las caderas la levantó y la sentó encima, sus lenguas húmedas se enredaron, se recorrieron con rápidos movimientos, mezclando sus salivas y sus deseos, después la lengua de él trazó círculos sobre la delicada piel de los labios de ella y fue descendiendo por su cuello mientras sus manos recorrían suavemente la espalda, continuó descendiendo hasta sus senos, sus dedos apretaron suavemente sus pezones y luego le tocó el turno a la boca que los recibió gustosa.

   Siguió recorriendo cada centímetro de piel con la lengua, se detuvo un poco en su vientre y en su ombligo jugueteando con ellos, sus manos se aferraron al tanga y ella, apoyando las manos en la bancada, levanto su culo para que él pudiese retirarlo sin esfuerzo, luego, el, con una suave presión en el interior de los muslos de  ella le invitó a que los separara, la vagina de ella se abrió ante él como una flor que se abre ofreciendo su néctar.

   La boca de el se acercó y su lengua giró alrededor de los labios de la vagina provocando con ello que Reme realizase ciertos movimientos con las caderas y emitiese algunos gemidos de placer, la punta de la lengua buscó el clítoris, no fue difícil, y como un pequeño pene emergía buscando las húmedas caricias que tanto deseaba, Reme se mordía el labio inferior para no tener que gritar agarrándose con fuerza a la bancada y empujando su pelvis hacia adelante como invitando a Gabriel a que entrase más dentro de ella, a lo que él la complació con mucho gusto. Introdujo la lengua todo lo que puedo en vagina, girando, metiendo, sacando, lamiendo, succionando todos los fluidos que había en su interior.

  -Uhmmmmm, ahaaaaaaaa   -gritó ella.Y como un geiser en erupción su vagina regalo a la boca de Gabriel toda una explosión de placer que el tragó lamiendo hasta la última gota.

   Gabriel se sentó en la silla donde momentos antes ella le había cortado el pelo, y ella se sentó encima de él mirando al espejo, el pene se introdujo en la húmeda vagina, las manos de él se aferraron a los pechos de ella, Reme comenzó a moverse lentamente subía y bajaba, metiendo y sacando el pene de su interior, controlando cada movimiento, aceleró el ritmo pasado un tiempo, mientras él acariciaba todo su cuerpo.  Apunto de llegar al orgasmo Reme se aferró con fuerza a los apoyabrazos de la silla y apretó más su cuerpo contra el de Gabriel, le parecía sentir el pene en el mismo estomago, con movimientos circulares de sus caderas siguió apretando y notando toda su vagina bien repleta de carne, contraía sus músculos interiores y seguía moviéndose con frenesí.

   -¡Si, Siiii, Siiiiiiiiiiiii! -gritaron los dos al unisono mientras ambos derramaban su preciados fluidos y llegaban al orgasmo.


   Aquel día Gabriel perdió su cita, pero sus citas aumentaron con la peluquera 

viernes, 4 de marzo de 2011

SOMOS DOS...








Mi alma viaja por el cosmos de los sueños
vuela errante en busca de su cuerpo,
quiere sentir el sabor de sus besos, la suavidad de su piel,
el calor que desprende su cuerpo.
Mi boca ansia besar sus pechos
y probar el néctar que produce se sexo.

Mi alma busca por confines etéreos y por fin la encuentra
en una nube que arrastra el viento,
su pelo negro me acaricia, me atrapa y me traslada hacia ella
sus brazos me abrazan y acarician mi espalda desnuda,
sus labios beben de los míos gotas de miel
 mientras las yemas de mis dedos
recorren suavemente su cuerpo,
nuestra piel se funde bajo la mirada atenta de un sin fin de
arcoiris de colores brillantes,
nuestros corazones se asoman por nuestros pechos, se abrazan,
se besan y laten a un mismo compás,
y abandonan nuestros cuerpos

Somos dos... somos uno.

Volamos las estrellas envidiosas de nuestro amor,
nos amamos, nos deseamos y nos volvemos a amar.
Nuestros cuerpos, adictos a la lujuria, siguen poseídos
por el deseo y el placer,
navegando por praderas de pétalos de rosas
que nos tocan con caricias de terciopelo.

Nos detenemos en la luna, cálida bola de algodón
que acoge nuestros cuerpos sudorosos,
empapa las gotas que pueblan nuestra piel y nos refresca con
una fresca brisa que nos hace besarnos con avidez...

Una luz cegadora incide en mis ojos,
duele.
Cierro los ojos y mi amante se hace humo,
se escapa entre mis dedos, intento inspirar fuertemente
para retenerla dentro de mi. Despierto.

Somos dos... soy uno

Quizás mi cuerpo no la posea nunca pero...
en mis sueños...


 
 



  

jueves, 24 de febrero de 2011

LA PETITE MORT

Diez de la mañana, entro en una cafetería con la intención de desayunar,
 ocupo una de las mesas que queda libre y espero a que venga la camarera, y entonces la veo.
 Sentada unas cuantas mesas más allá está ella
 ¿Cuánto tiempo hacía que no la veía?
 Quizás treinta años, pero era ella sin duda,
 se encontraba desayunando con un amiga, la cual se levantó, y con un par de besos de despidió dejándola sola.
Decido levantarme e ir a saludarla, el reencuentro es muy agradable para los dos.
 Me siento con ella y comenzamos a charlar. Hay tanto que contar.
Es tan agradable su compañía que sin darnos cuenta casi se hace la hora de comer, la acompaño a su casa, curiosamente vive a escasos metros de donde nos encontramos,
 me invita a subir y enseñarme su casa, a lo cual accedo de muy buena gana.
Es un duplex muy diáfano, 
—Ponte algo de beber —me dijo— enseguida estoy contigo.
Poco después oigo como corre el agua de la ducha del piso superior,
 puedo imaginar cómo introduce su cuerpo bajo la cascada de agua y como las gotas se deslizan por su cuello vertiginosamente acariciando sus pechos, mojando su vientre, su pubis, sus pies.
Como sus manos enjabonan su espléndido cuerpo.
Pronto cesa el sonido del discurrir del agua y unos minutos más tarde apareció ante mí,
 el pelo ondulado, ligeramente mojado,
 vestía pantalón de chándal y camiseta blanca, y su gato, ronroneando, giraba alrededor de sus pies.
—Perdona —dijo ella— pero es una manía que tengo, cada vez que entro en casa lo primero que tengo que hacer en darme una ducha y ponerme cómoda.
—No te preocupes —dije yo ofreciéndole un Martini rojo que había preparado.
Nos sentamos en unos taburetes, cada uno enfrente del otro, separados por una pequeña barra de bar que hacía la función de mesa en la cocina, estuvimos conversando una hora más, hasta que digo que tengo que marcharme.
—¿Por qué no te quedas a comer? —dice ella.
Tardo poco en decidirme y acepto su invitación. Como negarme.
Terminamos de comer y nos sentamos en el amplio sofá que preside la zona del salón.  Diana Karll suena en el equipo de música.
Sentados uno enfrente del otro, con una pierna recogida sobre el sofá y una copa de Baileys en la mano, continuamos hablando,
 ella apoya su mano en su cara y el codo en el respaldo, el sol que pasa por los cristales se enreda en su pelo,
 ¡Dios, está guapísima!
Sus grandes ojos marrones cautivan mi mirada,
 sin poder evitarlo me fijo en su boca, sus labios, dulces por el líquido que acaba de beber,
 los cuales son limpiados por su lengua que recorre  todo el contorno de aquellos pétalos rojos.
 Mi mirada sigue bajando hasta llegar a su pecho,
 unos pezones rebeldes empujan desde el interior intentando asomarse a través de la prenda que los cubre, noto como se me altera el pulso, 
 la sangre corre más rápidamente por mis venas,
 me corazón golpetea azorado en mi pecho en completa confusión,
 vuelvo mi mirada a sus ojos y noto como ella mira mis labios,
 mis ojos; mis ojos, mis labios.
 Inconscientemente yo hago lo mismo,
poco a poco  nuestras cabezas se van acercando hasta que nuestras bocas se quedan a tan solo unos milímetros una de otra,
 la respiración se acentúa,
 los labios se rozan levemente,
 una, dos, tres veces,
 el corazón parece querer salir del pecho.
 Humedecemos nuestros labios y los juntamos con un beso más prolongado,
 dejamos las bebidas encima de la mesa de centro y nos abrazamos estrechando nuestros cuerpos.
 Sus manos, suaves como la seda, juguetonas, comienzan a explorar mi cuerpo por debajo del suéter,
 se deslizan hacia la espalda y ascienden hasta el cuello,
 un escalofrío recorre mi espalda cuando sus dedos tocan mi nuca
 y me produce un ligero encogimiento de hombros.
 Acto seguido me quita el suéter dejando mi torso desnudo,
 coloca sus manos, una a cada lado de mi cuello y me besa, lentamente,
 con dulzura, para poco a poco hacerlo con pasión y lujuria.
 Sus labios abandonan los míos y se deslizan como si hicieran slalom a través de mi cuello,
 su lengua deja su rastro en mi piel mientras desciende a mí pecho,
 recorre el contorno de mis pezones
 y el esmalte de sus dientes de clava ligeramente sobre ellos provocándome un gemido de placer.
 Deseo ver sus senos y le quito la camiseta,
 sus pechos rebeldes apuntan hacia mí con los pezones erguidos y desafiantes,
 mis manos se acoplan a su cintura y pueden notar el calor de su cuerpo
 y la extraordinaria suavidad de su piel.
 Mi respiración se acelera mientras mis manos viajan por su vientre, temblorosas un poco por la excitación del momento, y toman rumbo hacia sus pechos.
Ella se tumba con los brazos hacia atrás,
 me inclino sobre ella y mis manos acarician sus firmes pechos,
 mis dedos retuercen suavemente sus pezones y a continuación
 son mis labios los que besan esos volcanes de placer,
 mi lengua va describiendo círculos, desde la base, hasta su cima, donde acentúo su ritmo.
Por turnos la lengua empuja los pezones y a continuación son succionados por mi boca,
 provocando en ella ciertos gemidos de placer y alguna que otra risa,
 después, zigzagueando,
 mi lengua desciende por el valle de sus pechos hasta llegar a su ombligo,
 momento en que ella levanta sus caderas,
 lo que entiendo como una invitación para que le quite su pantalón,
 no hace falta que me vuelva a hacer otra insinuación.
Mis manos tiran lentamente de él mientras mis labios prodigan besos
 a cada centímetro de piel que queda al descubierto.
 De vez en cuando miro su cara,
 sus ojos cerrados,
 el color de sus labios se ha acentuado ligeramente y en ocasiones sus dientes mordisquean su labio inferior. Mis manos hacen una leve presión en los gemelos de sus piernas y ella reacciona abriéndolas más.
 Acaricio la parte interna de sus muslos y mi lengua dibuja su nombre por encima de la goma de sus braguitas, su garganta emite sonidos que denotan señales inequívocas de placer.
 Con una suave caricia mis dedos recorren todo el encaje que cubre su vagina,
 el cual se nota húmedo,
 el calor que desprende su sexo aumenta mi excitación,
 mis besos van recorriendo cada milímetro de aquella prenda
 mientras  mis manos comienzan la retirada de la misma lentamente.
 Para deleite de mis ojos y del resto de mis sentidos va apareciendo su pubis,
 a lo que le sigue sus labios mayores,
 con el lento descenso de su ropa íntima incremento los besos sobre sus piernas hasta que la retiro completamente de su cuerpo.
Le pido que se gire y tumbada boca abajo sigo acariciando sus piernas,
 mientras, mi boca, ávida de por su piel,
 despliega toda su lujuria sobre ella y va dejando su húmedo rastro en su piernas,
 nalgas y espalda hasta llegar a su cuello,
 en ese momento ella se gira y cambiamos las posiciones,
 ahora soy yo el que se encuentra tumbado y ella empieza a besar mi pecho,
 mientras, sus manos empiezan a desabrochar el cinturón de mi pantalón,
 el botón, la cremallera,
 en un instante el pantalón se encuentra  en el suelo de parqué,
su mano acaricia mi pene erecto por encima de slip,
 poco después noto el calor de su boca encima de la prenda que cubre mi sexo,
 y casi al instante,
 nuestros labios se besan con deseo y su mano se desliza por el interior del slip,
 acariciando mi pene y mis testículos,
 baja un poco la prenda  que le sirve de obstáculo para realizar sus deseos
 y con la ayuda de sus pies la elimina por completo,
 después se apodera de una de las copas de Baileys
 y lentamente la va derramando sobre mí cuerpo a la vez que lo va lamiendo.
 El placer aumenta y siento irrefrenables deseos de poseerla,
 pero todavía no ha llegado el momento.
 Ella se gira y coloca mi cuerpo entre sus piernas
 mostrándome su sexo
como una flor abierta esperando para que recolecten su polen,
 como una abeja laboriosa mi lengua empieza
 a describir círculos alrededor de sus labios mayores para,
 poco a poco, hacer una incursión en los menores.
La punta de mi lengua se entretiene ahora en el clítoris,
 que se asoma con el deseo de ser acariciado,
 lo empujo y lo lamo,
 oigo gemir a mi compañera de juegos mientras ella,
 con mi pene en sus manos,
 empieza a chuparlo lentamente,
 como a cámara lenta, cada vez lo introduce más en su boca,
 sus manos acariciadoras estimulan mis testículos,
 tanto ella como yo intensificamos el ritmo y nos inunda el placer.
Nos detenemos antes de llegar al orgasmo,
 ella se levanta y se gira sentándose encima e introduciendo mi pene en su vagina,
 ella es la que tiene el control, siempre lo ha tenido.
Sube, baja, noto como contrae los músculos de su vagina para sentirme más dentro de ella.
Relaja…, contraeee…, subeee…, bajaaaa…, gemimoooosssss…
PLACEEEEEEEERRR
Mis manos acarician sus pechos,
 se tumba encima de mí,
 me besa,
 las puntas de sus dedos se deslizan con fuerza sobre mi pecho mientras se incorpora,
 sin apenas despegar su pubis del mío comienza a describir círculos que aumentan nuestra lujuria,
 mi dedo pulgar acaricia su erecto clítoris
 mientras ella sigue con su frenético vaivén.
EXTASIS, GOZO, DELECTACIÓN, CONCUPISCENCIA
Noto como sus fluidos salen al exterior y mojan mi piel,
 sigue cabalgando encima de mí, no aguanto más.
Con un estallido descargo todo mi semen en su interior,
 con ímpetu levanto mis nalgas mientras un grito de placer sale de nuestras gargantas,
 me incorporo y la abrazo fuertemente mientras ella continua moviéndose.
TENSIÓN, JADEOS, RESPIRACION ENTRECORTADA, SUDOR, CARICIAS,
BESOOOOOSSSSSSS
PLACEEERRRRRRRRRRRR
De nuevo otro orgasmo, pálidos flujos de libertad que abandonan nuestros cuerpos, por un instante a ella la invade La Petite Mort
Después el descanso, el sosiego, el relax.
 La calma antes de la próxima tempestad.
Al alcanzar un orgasmo algunas mujeres pierden la conciencia durante unos segundos, sufren una pequeña muerte o PETITE MORT
(quelques hommes aussi; il ne faut que trouver la personne adéquate)

martes, 1 de febrero de 2011

EL FLECHAZO

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Él, alto 1'83, moreno, ojos verdes, pelo ondulado,
con una melena que le rebasaba ligeramente los hombros,
caminaba cabizbajo, sumido en sus pensamientos,
con un pitillo apagado entre los labios.
   Aceleró el paso, tenía ganas por llegar pronta a casa,
había tenido un día fatal en el trabajo y necesitaba
una ducha reparadora, envuelto por las sombras de la noche
tan solo le acompañaban por la calle el sonido
de sus propios pasos en el asfalto,
apenas faltaban trescientos metros para llegar
al portal de su casa.
   Giró la esquina y tropezó con ella; pelirroja,
ojos azules, nariz pequeña, labios carnosos,
con pómulos cubiertos de pequeñas pecas graciosas,
sus pechos generosos se asomaban por el
amplio balcón del escote de su jersey.
  Debido al encontronazo las manos el hombre
se posaron sobre la cintura de la mujer,
como intentando separarla de él pero
sujetándola firmemente para que no se
alejara en exceso.
  -¿Estás bien? -dijo él con voz muy masculina
  -Si, no ha sido nada -respondió ella con una voz
muy dulce y cálida.
   Sus miradas se quedaron encadenadas con unos
grilletes más duros que el acero hasta que
cada uno bajó la vista hasta los labios del otro,
poco después la lengua de cada uno de ellos
viajaba por la cavidad interna de la boca del otro,
la mujer en ese momento succionó la lengua
de su compañero igual que si aspirase por una
de las pajitas que se colocan en algunas de la bebidas,
el acto sorprendió al hombre que sin dudarlo
apretó mas su boca a la de la mujer y proyectó
su órgano bucal todavía más adentro,
entonces la mujer también se sorprendió,
la lengua del hombre invadió casi toda la boca
de la mujer, casi llegando a la campanilla.
   La mujer apartó al hombre ligeramente de su cuerpo
y tomó una bocanada de aire, sus miradas
se encontraron de nuevo
y un brillo de lujuria y deseo apareció en los ojos
de la mujer que cogió al hombre de la mano y
lo arrastró hacia un oscuro callejón sin salida
escondiendo sus cuerpos entré unos
contenedores de plástico y cartón.
   Ella apoyó su espalda en la pared, agarró
por la camisa al hombre con la mano izquierda
y la derecha rodeó su nuca atrayendolo con fuerza hacia ella,
sus lenguas volvieron a enredarse, entraban y salían de
las bocas, giraban, lamían labios y cuello,
sus dientes proporcionaban ligeros mordiscos
que provocaban ciertas reacciones de placer.
    Los dedos de la mujer desabrocharon los botones
de la camisa del hombre y comenzaron a navegar
a través del intrincado océano de músculos,
sus fuertes pectorales,
sus marcadas abdominales,
sus duros trapecios y prominentes dorsales.
   Cada milímetro de piel era inspeccionado
concienzudamente por las curiosas y suaves manos de ella,
de vez en cuando las uñas se clavaban en la carne del hombre
y se deslizaban hacia abajo, lo cual acentuaba la excitación de este
.Las fuertes y firmes manos de él levantaron el jersey de la mujer
sacándolo rápidamente por su cabeza dejando
al descubierto sus impresionantes pechos
que iban cubiertos con un sujetador de encaje,
el cual duro poco tiempo en su sitio,
los dedos del hombre lo bajaron y
apareció ante sus ojos unos pezones
duros y erectos que invitaban a que el
hombre los utilizara de la forma mas antigua
que se conoce.
   Él acercó su boca al tentador manjar
 y la mujer le apretó la cabeza contra sus pechos,
la lengua del hombre giraba alrededor de uno
de los pezones y empujaba con rítmicas embestidas
haciéndole crecer todavía un poco más.
   Lo succionó mientras su lengua lo apretaba
contra su paladar y al instante su boca se llenó
de un liquido cálido y dulce,
los pechos de la mujer obsequiaban al hombre
con el exclusivo elixir de la vida que albergaban
en su interior.
   Mientras la boca succionaba, las manos se
deslizaban por las caderas de la mujer y
descendían acariciando los muslos por encima
de la falda, la mujer la desabrochó y la dejó caer
al suelo, dejando ver una braguitas de encaje
a conjunto del sujetador,
las tiras del liguero que rodeaban su cintura
apresaban las medias de sus piernas,
las manos de él, después de acariciar la cara
interna de los muslos se anclaron en las
nalgas de la mujer que tiró de ellas hacia su
propio cuerpo.
   La mujer notó entonces  el pene duro y
erecto dentro del pantalón, sus manos lo desabrocharon
y la gravedad hizo el resto,
la ausencia de slip provoco que el miembro
saliera disparado como empujado por un muelle,
la mujer lo recibió con sus cálidas manos, después,
hizo una genuflexión y la punta de su lengua se
deposito sobre los testículos de su apuesto compañero,
los lamió y proporcionó ligeras y rítmicas sacudidas,
luego con un exceso de saliva la lengua se deslizó
por la parte inferior del pene hasta llegar al glande,
su mano derecha lo apresó a la altura de los testículos
empujando la piel hacia atrás.
   Su lengua empezó a describir círculos sobre el glande y
la punta intentaba entrar a través de la hendidura que
dividía la cabeza del miembro en dos,
como si fuese la broca de un taladro
la lengua empujaba y giraba el glande,
el hombre inclino la cabeza  hacia atrás,
con los ojos cerrado, concentrándose en la faena
que estaba haciendo su desconocida compañera,
 en ese momento ella introdujo el pene en su boca,
la cual se lleno de saliva, y con un frenético vaivén
de su cabeza comenzó a chupar el miembro duro y erguido,
las manos del hombre apoyadas en el pelo de la mujer
acompañaban el impetuoso movimiento que ella
infringía a su cabeza.
   -!Para!, !para!, !voy a corrermeee! -dijo él
Ayudó a la mujer a levantarse, soltó el liguero
que sujetaba sus medias y le quitó la braguitas
que ocultaban su conejito, las cuales estaban
completamente mojadas, los flujos que habían
emanado de la vagina mojaban también la
parte superior e interna de los muslos.
   Él pasó su mano sobre el sexo mojado y
perfectamente depilado, luego se agacho, la
mujer levantó una de sus piernas apoyándola
en una de las cajas que había depositadas al lado
de los contenedores, facilitándole así al hombre
el acceso a sus partes mas intimas, él demostró
una cualidad que la mujer no había visto antes
y la lengua del hombre se ensanchó de forma
sorprendente de manera que de una sola
lamida recogió todos los fluidos que
rodeaban el húmedo sexo,
después de estrechó y penetró en su interior
describiendo círculos que hacían gemir a la mujer.
   -!Aaahhhh!, !ssiiii!, !siiiiiiiiii!, !cometelo todo, bebetelo
todo, tengo mas para tiii! -dijo ella
   El hombre obediente siguió chupando y succionando,
golpeaba el clítoris de la mujer que emergía de la vulva,
lo apretaba con los labios y lo mordisqueaba suavemente.
   -!Hazme tuya, ahoraaa!, !voy a corrermeeee! -grito ella.
   Su amante se levantó y ella con un ágil salto
abrazó la cintura del hombre con sus piernas, él,
introdujo su pene en la raja húmeda y chorreante de ella,
la apoyó contra la pared y comenzó a moverse con mucho énfasis,
ella gemía con cada empuje y el intentaba retrasar la eyaculación
hasta que ella le avisase de que estaba llegando al extasis.
  -!Aaahhhhhhh!,!me voy!, !meee voyyyyy! -dijo ella jadeando.
 Él aumentó el ritmo del empuje y una explosión de placer
inundo el cuerpo de ambos, las perdidas blancas de él
salían del interior de la vagina mezcladas con los
fluidos de la mujer, tal fue la cantidad, que se deslizo
por los muslos del hombre hasta casi
alcanzar sus rodillas, después, exhaustos y sudorosos
recogieron su ropa y se marcharon juntos
a la cercana casa de él....
    Pero eso ya es otra historia
                                                                     UN BESITO
 

lunes, 24 de enero de 2011

Noche Magica

Quisiera volver a tenerte entre mis brazos,
esta pasada noche a sido mágica,
mis dedos enredándose en tu pelo mientras tu boca juguetea
con mi oreja y un escalofrió recorre mi piel.

Mis manos acarician tu cuerpo desnudo
mientras mi boca lo besa suavemente sin dejarse ningún rincón,
nuestras lenguas se acarician húmedas y cálidas,
dulces por el postre que acaban de degustar,
el cual baña también nuestros cuerpos,
manjares de dioses sobre menaje exclusivo y selecto.

Las bocas comen tan ricas viandas y las lenguas
lamen los recipientes que los contienen
provocando con ello ciertos gemidos de placer.

El champán riega nuestras bocas y se desliza como ríos
dorados por nuestros desnudos
formando diminutas cascadas al deslizarse sobre tus pezones,
las perlas de nácar de tu boca mordisquean
mis pezones haciéndoles erguirse y endurecer.

Ahora soy yo quién provoca esa misma reacción en ti,
pero esta vez no se trata de mi boca
sino de un cubito de hielo que mis manos han cogido
de la cubitera del champán y que depositan
también sobre tu cuello, deslizándolo lentamente hacia abajo.

Tu espalda se arquea  sobre la cama mientras tus manos
se agarran con fuerza a las sabanas,
tu boca se cierra para impedir que de tu garganta emerja
un grito, que a pesar de todo tu esfuerzo termina
por salir.

El liquido helado prosigue su descenso y
tu mueves tus caderas sin cesar de un lado a otro,
sigo dejando rastros de agua sobre tu piel,
tus muslos, tus pies, les proporciono pequeñas
dentelladas que te hacen reír
y succiono cada uno de los dedos
como si fueran de caramelo.

El hielo se ha desecho ya por lo que
cojo dos más de la cubitera y comienzo
el ascenso desde los pies
y por la cara interna de la pierna,
tobillos gemelos, rodilla,
muslosss, inglesss,
rodeo los labios de tu vagina con ellos,
tus gemidos aumentan y rasgas con
tus uñas las sabanas,

introduzco dos de mis dedos en
el interior de tu sexo,
serpentean dentro de el y notan lo
cálido y húmedo que esta,
acarician su interior suavemente
mientras la otra mano pasea los hielos
sobre tus pechos, tú te muerdes tu labio inferior
y tu pelvis se eleva sobre la cama.

Ahora eres tú quien se apodera del hielo
y empujas mi cuerpo hacia el colchón,
entre risas te sientas encima de mi,
tus manos, con su helada posesión
entre los dedos comienzan a recorrer
mi cuerpo,
mi cuello, mi pecho,
mis pezones vuelven a erguirse y endurecer,
continuas bajando,
mojando mi cuerpo hasta llegar a mi pene,
el cual parece endurecer mucho más de lo que está,
sigues acariciando los testículos
y el hielo termina deshaciéndose en mi culo.

Introduces de nuevo la mano en la cubitera para
proveerte del helado material,
depositas un trozo en tu boca

y a continuación introduces
mi miembro en ella,
no puedo evitar gemiiiiiirr de placer,
es una sensación única,
que casi me hace correrme,
te hago detenerte y
pongo dos cubitos
dentro de tu vagina,
te coloco encima de mi
y a continuación te penetro,
multitud de explosiones de placer
invaden cada rincón de nuestros cuerpos,
sensaciones imposibles de describir.

El agua del hielo desecho sale de tu interior
mezclado con tus fluidos,
los muslos se tensan,
las nalgas se aprietan
y los dedos de los pies
parecen agarrotarse,
me incorporo y te estrecho fuertemente
contra mi cuerpo
mientras tu prosigues con tu frenético vaivén
cabalgando encima de mi como una amazona experta

y es entonces cuando el extasissss nos embriaga
y el clímax llega a su culminación,
los dos caemos, abrazados,
jadeando y empapados en sudor.

Quisiera volver a tenerte entre mis brazos
y que esta vez no fuese un sueño